Tema del mes

por Marco Leone*

Economía Circular vs. Economía Lineal

La economía lineal sigue siendo en nuestras sociedades el principal paradigma para la producción y el consumo de bienes y servicios. En ella, el ciclo productivo inicia con la extracción de las materias primas, sigue con su transformación en productos y termina con la disposición y eliminación de los desechos, que de esta manera salen del ciclo económico. Este flujo, también denominado “de la cuna a la tumba”, ha sido históricamente posible por la existencia, hasta hace no mucho tiempo, de una oferta conveniente y abundante de recursos. Por otro lado, también ha sido posible por haberse prácticamente ignorado el impacto que sobre el medio ambiente ejercen la producción y el consumo de los bienes, inclusive al término de su vida útil.

Si por un momento dejáramos de lado los efectos sobre nuestro entorno es un hecho que, para poder reproducirse en el tiempo, el sistema de desarrollo lineal debiera disponer de recursos ilimitados. Hoy en día no solamente está claro que esta no es la realidad, sino que las inevitables dinámicas demográficas y sociales a nivel planetario nos están planteando de manera inequívoca la insostenibilidad de este modelo. De acuerdo con las proyecciones disponibles, la demanda global de recursos aumentará de manera exponencial en los próximos 15 a 20 años, cuando la tierra estará poblada por cerca de 8 mil millones de individuos y contará con casi 2 mil millones de consumidores más respecto de los que se cuentan hoy en día. Se trata de ritmos de crecimientos que sobrepasan ampliamente las capacidades de abastecimiento y renovación de recursos ofrecida por la naturaleza. Según un estudio reciente de Greenpeace, ya hoy en día la naturaleza necesitaría de un año y medio para reponer los recursos que consumimos cada año. En otras palabras estamos ya viviendo más allá de las capacidades biológicas de nuestro planeta. En el año 2030, es decir, en apenas trece años más, la demanda de energía y de alimentos habrá crecido en un 50% y se necesitará entre el 30 y 40 por ciento más de agua para sostener los nuevos niveles de producción y consumo.

Tomar conciencia de estos datos, junto con reconocer que las actividades del hombre, especialmente aquellas ligadas a la producción, generan o aceleran procesos irreversibles de contaminación, pérdida de biodiversidad y hasta de ecosistemas completos, ha llevado a la necesidad de estudiar e implementar modelos de desarrollo alternativos a la economía lineal. La economía circular es uno de ellos.

En la economía circular cada producto es pensado y diseñado minimizando los recursos empleados y de forma de poder re-utilizar todo lo que puede ser recuperado. Se habla, en este caso, de un enfoque “de la cuna a la cuna”, es decir, desde el nacimiento de un producto al nacimiento de otros productos a través de la utilización y re-utilización de los materiales empleados en el ciclo productivo. Y eso no es todo, ya que en la economía circular la producción utiliza exclusivamente energía renovable y genera cadenas de valor con cero desechos.

Hoy en día se presta todavía poca atención al hecho de que existen productos desechados que pueden ser puestos nuevamente en uso o reinsertados como materias primas de otro proceso productivo. Un ejemplo en este sentido viene de una empresa italiana, que degradando los residuos de lana de su ciclo productivo obtiene un fertilizante biológico para la agricultura, llegando finalmente a participar de esta manera en la producción de alimentos. En definitiva, estamos hablando de ciclos que, al replicar los procesos de la naturaleza, tienen el potencial de no agotarse nunca.

El otro enfoque con el cual la economía circular enfrenta al ciclo productivo es la realización de bienes que duren más tiempo. En este caso, el foco de la empresa se mueve desde la infinita producción de bienes a obsolescencia programada hacia la oferta de nuevos servicios, es decir, desde la fase exclusivamente productiva a la de gestión de los recursos al interior de los mercados. La iluminación inteligente es un ejemplo fascinante del principio de la economía circular. Ya existen multinacionales que instalan LED de larga duración, manteniendo la propiedad de los mismos y prestando servicios gestionados para ampliar la duración y el rendimiento. Los clientes sacan el máximo partido de las soluciones más innovadoras y reducen los costos energéticos, mientras que las empresas pasan de la oferta puntual de un producto a la oferta programada de un servicio.

Está claro como, también para las empresas, la perspectiva de este panorama sea sumamente alentadora, ya que la mayor independencia en la utilización de recursos escasos genera importantes ventajas competitivas, tales como: mayor protección frente al aumento y volatilidad de los precios de los commodities; mejor resistencia frente a variaciones bruscas de la oferta; reducción de la huella ambiental.

La Economía Circular y la UE

La Unión Europea está apostando decididamente hacia la economía circular. El concepto aparece de manera explícita entre sus documentos en Octubre de 2014, cuando en las Conclusiones del Consejo de Medioambiente se destaca la relevancia de dicho enfoque para el crecimiento de la producción y el empleo en la Unión.

Sin embargo, el documento clave sobre el tema es la Comunicación de la Comisión Europea del 2 de Diciembre de 2015, que lleva el sugestivo título de “Cerrar el Círculo: Plan de Acción de la Unión Europea para la Economía Circular”. En él, abarcando los aspectos inherentes a la producción, el consumo, la inversión, la innovación y la gestión de los desechos, se encuentran los lineamientos de un mandato concreto y ambicioso que la Unión Europea asume con el fin de fomentar la transición hacia una economía circular.

La introducción del documento, además de ser bastante elocuente al respecto, nos permite remarcar los principales conceptos que, de manera general, hemos introducido en el presente artículo:

“La transición a una economía más circular, en la cual el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la cual se reduzca al mínimo la generación de residuos, constituye una contribución esencial a los esfuerzos de la UE encaminados a lograr una economía sostenible, hipocarbónica, eficiente en el uso de los recursos y competitiva. Una transición de ese tipo brinda la oportunidad de transformar nuestra economía y de generar nuevas ventajas competitivas y sostenibles para Europa.”

*Economista de la Universidad Bocconi de Milán y Master in Economics de Georgetown University. Reside actualmente en Santiago de Chile, siendo asesor de empresas y consultor en temas de sustentabilidad.

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