Las Ciudades Estrategicas en America Latina

Las Ciudades Estrategicas en America Latina

Bruno Carapella

Las ciudades y los sistemas urbanos en el mundo están cambiando profundamente. La transformación de las ciudades es dictada, y a su vez influye, las relaciones sociales entre los ciudadanos, la relación con las instituciones, el desarrollo de las empresas y el conocimiento. Las grandes urbanizaciones de la segunda mitad del siglo XX, en uno con el desarrollo tecnologías nuevas e impensables de transporte, comunicación e información han modificado profundamente las relaciones entre centro y periferia, deconstruyendo las relaciones industriales, cambiando los sistemas de welfare, redefiniendo y ampliando el perímetro de las responsabilidades de gobierno local y la amplitud y profundidad de la política.

Las ciudades se convierten en lugares donde se construye la economía del conocimiento, donde lo mejor de los valores inmateriales del capital social (red, confianza, participación, solidaridad) encuentro los esfuerzos propios de la sociedad del conocimiento (investigación, formación, tecnología) y los elementos propios de una sociedad post industrial (creatividad, autonomía, responsabilidad) y donde por tanto se apoya (como en una fundición industrial de acero) el sistema económico y social de la knowledge society.

Precisamente por esta razón las ciudades son el lugar donde se forman y se refuerzan las condiciones de la competitividad territorial que desde las naciones, según el axioma de Porter, se mueven sobre los sistemas urbanos. Y son justamente las políticas de desarrollo urbano las que condicionan favorablemente o no la competitividad de una ciudad respecto a otra a nivel nacional o regional y en algunos casos a nivel global.

A partir de 1920 América Latina, que es el continente más urbanizado del planeta, ha experimentado el crecimiento de las grandes ciudades bajo la influencia de la inmigración europea. La estructura urbana de estas ciudades fue moldeada por la cultura europea y sus influencias científicas. Las grandes ciudades de América Latina (Buenos Aires, Río de Janeiro, Ciudad de México, Bogotá) han experimentado el compromiso de los grandes arquitectos europeos, paisajistas y urbanistas (Le Corbusier, Jose Luis Sert, Jean Claude Forestier, Werner Heigemann, Karl Heinrich Brunner, Clorindo Testa, Carlos Thays).

Estas ciudades, hoy en día, al igual que otras europeas, se enfrentan a una segunda transformación: el cambio de megalópolis a Smart and Sustainable City y la búsqueda de un nuevo modelo social, cultural y de governance de la City of the Knowledge Society.

Y es justamente en América Latina que se está formando una cultura generalizada (hecha de enfoques teóricos, de experiencias y prácticas) de la planificación estratégica territorial o, más bien, de planificación urbana. Desde un punto de vista teórico se abandona la idea que la planificación urbana y territorial se traduzca en el diseño del destino del uso de los suelos (residencial, productivo, servicios) y en la definición de los sistemas de transporte que permitan a las personas de viajar todos los días de la casa a la fábrica y viceversa, como en la ciudad fordista.

En las áreas metropolitanas se aprecia un proceso generalizado de renovación del tema de la Planificación Estratégica Territorial que integra las relaciones entre las personas, el tiempo libre, la cultura y el arte, las áreas rurales, los sistemas ecológicos, los sistemas productivos y la escala regional.

También se desarrollan nuevos cambios en la planificación territorial, en el contexto de la ciudad que se construye a sí misma, privilegiando el desarrollo cualitativo y afrontando desde el punto de vista de la ‘ciudad existente’ los grandes problemas de la ciudad metropolitana.

En este sentido, Puerto Alegre, Medellín, Rosario, son solo algunas de las grandes ciudades latinoamericanas que han afrontado con éxito el desafío de la Planificación estratégica, construyendo un sistema de planificación territorial fundado sobre cuatro acciones principales:

ciclo

Las principales críticas que se hacen a la planificación tradicional tienen relación con su falta de operatividad y con su desfasaje temporal frente a una realidad urbana en permanente cambio.

Estas experiencias exitosas en América latina demuestran que existen dos dimensiones fundamentales que pueden incidir en la eficiencia y eficacia de los Planes Estratégicos:

  • La capacidad institucional de las administraciones involucradas, es decir, la capacidad de las autoridades locales involucradas en la ejecución de los Planes Estratégicos de traducir objetivos y prioridades del Plan en acciones, proyectos, servicios, que mejoren concretamente la vida de los ciudadanos, las condiciones de desarrollo de las empresas, las políticas de welfare activo y la tutela del medio ambiente.
  • La movilización democrática y la participación de los ciudadanos, entendida como capacidad de involucramiento activo de la ciudadanía en las elecciones estratégicas, como mejora de los procesos decisionales y como primer anillo de un modelo de accountability pública que asegura calidad en las políticas y transparencia administrativas en el uso de los recursos públicos.

Estas dos dimensiones se alimentan y asumen fuerza recíprocamente:

  • La participación activa de los ciudadanos obliga a la administración pública loca a salir de la autorreferencialidad, a mejorar sus políticas, a asumir la transparencia administrativa como un valor fundante.
  • La transparencia y el derecho de acceso y participación en las elecciones políticas por parte de los ciudadanos los hace participes, responsables y conscientes del destino de la propia ciudad y, por tanto, los transforma de usuarios en prosumers, ampliando sensiblemente el número de personas que trabajan y viven para mejorar la propia ciudad.

En este círculo virtuoso las tecnologías, la web, las redes sociales constituyen un factor extraordinario de integración de responsabilidad y de control social.

Las ciudades mejoran y con ellas el sistema de relaciones sociales, las redes de cooperación y confianza, y a partir de ello la consciencia en el propio destino.